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¡Conoce a Cristo! 




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En cambio, podemos observar que Simón no siente necesidad de buscar a Dios. Parece estar satisfecho con lo que hace y no desea cambiar. Lo que le motiva a invitar a Jesús es probablemente la curiosidad, el deseo de comprobar si Jesucristo es profeta o quizá un aprecio superficial al Maestro. Pero no lo reconoce como el Hijo de Dios; no se conmueve por la bondad del Señor con al mujer arrepentida y no responde positivamente al evangelio. No cree y no cambia; permanece en la dureza de su obstinación, aferrado a sus prejuicios y creencias equivocadas. No tiene genuino aprecio por Jesucristo ni por su mensaje. Jesús lo nota y le dice: "¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; en cambio, esta mujer me ha bañado los pies con sus lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. No me pusiste aceite en la cabeza, pero ella ha derramado perfume sobre mis pies" (Lucas 7:44-46). Jesucristo señala que Simón ha emitido un juicio injusto y toma la defensa de la mujer arrepentida. Suple sus necesidades y la libera, anunciándole: "Tus pecados te son perdonados" (Lucas 7:48). Por supuesto, semejantes palabras provocan la protesta de los demás invitados, que tampoco responden positivamente al mensaje del evangelio sino que solamente lo censuran o lo critican. Si usted hubiera estado ahí, ¿cómo habría reaccionado? ¿Con la duda y rechazo de los invitados, la indiferencia de Simón o la respuesta activa de la mujer? Han transcurrido más de 19 siglos desde entonces, la sociedad en que vivimos ha cambiado mucho, pero las respuestas que podemos dar al evangelio siguen siendo las mismas. Muchos no prestan atención al mensaje de Jesucristo; otros lo critican, lo censuran o lo ven como un espectáculo. Algunos creen que el evangelio no es para ellos, sienten que no son tan malos como la mujer pecadora. Pero sólo quienes crean, acepten el evangelio y respondan activamente serán liberados, gozarán del perdón de sus transgresiones y recibirán la salvación. Simón y los otros invitados también eran pecadores. Porque todos hemos pecado y "si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos..." (1 Juan 1:8). Ninguno de ellos era digno de lanzar la primera piedra; no reprendieron en voz alta a la mujer ni se atrevieron a sacarla. Seguramente eran conscientes de sus propios pecados pero optaron por acallar su conciencia y no respondieron adecuadamente al evangelio. No quisieron afrontar la realidad de sus pecados ni su necesidad de perdón y reconciliación con Dios. Esto no ha cambiado. Todavía hay quienes oyen el evangelio pero acallan sus conciencias. Es necesario despertarse y actuar. La mujer del relato lo hizo así. A pesar de lo que pudieran pensar los demás a su alrededor, creyó, se arrepintió y respondió positivamente al evangelio. Creer y actuarJesucristo dijo que es necesario creer en el evangelio y actuar en consecuencia. En Marcos 16:16 Jesús dijo: "El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea, será condenado". Nótese que hay que creer y además ser bautizado. Esto requiere acción, el creyente debe responder de manera activa; acercándose a Dios y buscando el bautismo. Y para ser bautizado es necesario arrepentirse ( |
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“Yo no quiero que el malvado muera, sino que cambie de conducta y viva. Yo, el Señor, lo afirmo. ”